Desde la antigüedad, el deporte ha funcionado como una refinada maquinaria de creación y difusión de mythos. Si las olimpiadas en la Grecia clásica eran una “guerra por otros medios”, también se mostraron capaces de sustituir a los enfrentamientos bélicos como generadores de material épico. Además de las batallas, un novedoso mecanismo de creación de mythos había nacido.
Siglos después, este mecanismo sería potenciado gracias a los avances audiovisuales. Leni Riefenstahl dirige el primer documental de la historia sobre unas olimpiadas, utilizando innovadores medios de rodaje y posproducción para convertirlo en un espectáculo de ensalzamiento del nazismo. Desde las primeras secuencias, hay una evidente intención de mostrar al régimen como heredero de la tradición grecorromana.
Pero a pesar de atenerse a dicha tradición en lo formal, Riefenstahl introduce una semiótica narrativa más propia del romanticismo del S.XIX. Su héroe ya no es un individuo concreto sino un concepto abstracto, Das Volk.
Actualmente sin embargo, la ejecución formal y la narrativa han invertido sus papeles. Cuando una marca deportiva como Nike se apropia de la mitología griega para utilizar esta efectiva máquina de construir leyendas, resucita el clásico arquetipo del héroe grecorromano -individual- pero usando recursos audiovisuales más propios de la estética romántica que de la neoclásica. Se abandona la solemnidad, tal y como lo hace Joe Pytka, la cámara se acerca al protagonista e incluso llega a utilizar el plano subjetivo como Guy Ritchie en Next Level.
Los recursos audiovisuales han mutado, el discurso mitológico sigue presente. Los mismos esquemas argumentales se reutilizan como si fueran funciones de Propp: el héroe sigue un ritual “mágico” que le concede un poder específico. Pero ha de obedecer unas determinadas reglas para no perderlo. Incluso le tocará, como a Orfeo, descender al hades para enfrentarse a la prueba definitiva. Sólo así conseguirá el premio de formar parte del panteón de los dioses, es decir, obtener el poder de “escribir el futuro”.
La genialidad de Iñárritu en el anuncio Write the future ha sido precisamente deconstruir y evidenciar como funciona esta máquina de elaborar y difundir leyendas. Mediante todo un arsenal de recursos audiovisuales el director construye un artificio borgiano, un Aleph capaz de relatar en tiempo real no una, sino todas las historias.
Créditos básicos del vídeo:
Dirección y Producción: Alejandro González Iñárritu
Agencia: W+K London & Amsterdam
Música: Focus





