A finales del siglo XIX, cuando los hermanos Lumière asombraron al mundo con su genial invención, muchos se preguntaron si el cinematógrafo sería algo más que un mero registro fotográfico en movimiento del teatro o de la vida real. Podría haberse quedado ahí, si no fuera por unos cuantos visionarios, entre los que destaca D. W. Griffith, que supieron crear un discurso narrativo a partir de la discontinuidad visual en el espacio-tiempo. El cine descubría su sintaxis, aquello que le era realmente propio y genuino: el montaje. A modo de tributo y hasta el 13 de octubre, la Filmoteca de Catalunya dedica un ciclo a este arte a menudo en la sombra que, con sus múltiples evoluciones técnicas y estilos expresivos, se mantiene hoy en día como la base invisible del lenguaje audiovisual.
Créditos del vídeo:
Fragmento de "F for Fake", de Orson Welles






