En su primera incursión en el mundo del cine, “Le Retour à la Raison” (1923), Man Ray pone de manifiesto que piensa como un fotógrafo ávido por explorar las posibilidades expresivas de un sendero para él todavía virgen.
El cortometraje se concibe como un pase silencioso de diapositivas, en cuya estructura se puede intuir un viaje desde la abstracción hasta la figura humana. Por el camino hay humo, faros, negativos, objetos, sombras y reflejos. El movimiento es siempre cíclico, sin desarrollo dramático, cual instante sacudido para descubrir en su vibración los fabulosos misterios de la luz.
Esta voluntad férrea de investigación formal se evidencia de manera incontestable en el último plano: "muévete así, para que las ondas se transformen sobre tu piel", se adivina en boca de Ray. Tentativas, ensayos que conduzcan al hallazgo. Dignificación del concepto experimental en el arte.






