Si a veces es complicado explicar en qué consiste exactamente ser realizador de motion graphics, imagina lo que ocurre cuando le preguntan a Mark Coleran por su oficio y él responde, llanamente, que su especialidad es crear interfícies de usuario de fantasía para el cine. Películas como El Ultimatum de Bourne, La Isla o Misión: Imposible III llevan su firma en sus monitores. Más allá del reto que supone generar un software a la vez verosímil, comprensible con un simple vistazo y en consonancia con la estética del film, ¿qué factores -conceptuales y logísticos- hacen que la tarea de Coleran sea más o menos singular? ¿Es realmente distinta a otras disciplinas del diseño? Pero, ¿acaso sabemos con certeza a qué se dedica un diseñador? El debate se abre en la jornada Broad.cat 09.






