Design Embassy, una consultora que trata diversas disciplinas relacionadas con la creatividad, plantea la eterna entelequia de combinar creación y negocio. El enfoque: las posibles fusiones entre diseño industrial, gráfico y arquitectónico, con aspectos humanísticos y políticos, ¡qué osadía! Su discurso destila el siguiente mensaje: es tarea complicada profundizar en una disciplina o estandarizar soluciones, no sólo porque evolucionan las herramientas, sobre todo porque cambia la forma en la que la sociedad consume productos o percibe mensajes. Aquello que hoy es imprescindible, deja de ser útil mañana. Así que se necesitan creadores pluridisciplinares en continua evolución: "If it works, it's obsolete" - Marshall Mcluhan.
Más de Mcluhan: "Invention is the mother of necessities". En la sociedad del bienestar los aspectos básicos están más que cubiertos, no se trata de inventar el qué, sino de dar forma al cómo (más fácil, más rápido, MÁS). En el sector audiovisual los usos mutan, las nuevas generaciones consumen contenidos bajo demanda, la linealidad les aburre y desconfían profundamente de la publicidad. Necesitan participar, manipular y generar contenidos, nacieron con el zapping digital, son la generación Einstein por su capacidad de entender y manejar mensajes fragmentados.
En las pantallas encontramos contenidos diametralmente opuestos: narrativos o plásticos. Unos en manos de los guionistas ("los escritores"), otros en manos de los experimentadores ("los pintores"). El fin de los primeros ha sido sobre todo entretener. Para los segundos no ha existido un mercado claro. Antes había que elegir entre la rica fórmula de la industria y la hambrienta experimentación del laboratorio, ahora esto se ha acabado, todo el mundo está obligado a reinventarse. Innovación como punta de lanza.
Un vídeoartista es una "rara avis"; a Norman McLaren, que tuvo la fortuna de investigar durante toda su vida, le asaltaron dudas en sus últimos años, sufrió una profunda decepción al pensar que no había hecho nada de provecho para la humanidad, tan sólo juegos visuales. Sus piezas albergan inocentes mensajes, su ecléctica obra pertenece a la experimentación, a los hallazgos técnicos, a la coreografía plástica. No es de extrañar que cuando los hijos se acercan a sus padres declarando la intención de estudiar bellas artes o algo parecido, se oiga: ¡Oh cielos, quiere ser artista!





