Algunas de las bandas más singulares e influyentes de las últimas décadas, como U2, Joy Division, Depeche Mode o REM han construido su identidad visual ante la cámara de Anton Corbijn. Este holandés reservado, afable y de humor lacónico ha sabido hacer del retrato fotográfico una auténtica alegoría del sonido y, sobretodo, de la actitud que lo acompaña. Hábiles y certeros como de costumbre, los programadores del festival barcelonés In-Edit Beefeater, dedicado al documental de temática musical, han rendido homenaje a este genio contemporáneo proyectando “Shadow Play: The making of Anton Corbijn”, dirigido por el australiano Josh Whiteman.
El film disecciona la extensa carrera de Corbijn desde sus primeros trabajos para revistas de culto como el New Musical Express hasta su multipremiado largometraje Control, sobre la tormentosa vida de Ian Curtis. Entretanto, quienes han trabajado con él alaban su inusitada capacidad de reflejar simultáneamente al ser humano y al mito que hay en toda estrella del rock, sacando a la luz algunos aspectos de su personalidad que ni el propio músico había imaginado explotar. Corbijn también habla de su constante necesidad de desvelar aquello que no es evidente, de entregarse a la aventura. Lo hace con una franqueza asombrosa, prudente y autocrítico pero con la tranquilidad de quien se siente satisfecho con el fruto de su esfuerzo.
No obstante, hay un detalle que llama la atención. Cuando se comenta su trabajo como realizador de videoclips o director de cine, se siguen refiriendo a él en términos fotográficos. Los halagos que recibe son por los personajes elegidos, por la luz, el color y el encuadre, pero no por la planificación, la estructura dramática ni la interacción de la imagen con el sonido. La breve escena en la que le vemos junto al montador de Control contiene un gran simbolismo: mientras Andrew Hulme maneja el software de edición, Corbijn permanece unos metros más atrás, sentado en un sofá. Es como si perteneciera a un mundo distinto. Y lo cierto es que en muchos de sus vídeos la imagen es autárquica, el raccord es mínimo y la emoción se concentra en el instante.
Créditos de "Atmosphere":
Realización, dirección de arte y fotografías: Anton Corbijn
Música: Joy Division






