La convivencia entre monstruos y humanos n o es, de entrada, nada novedoso en el terreno de la ficción. Pero si las criaturas se enmarcan en el contexto de la vida real, el resultado es mucho más sorprendente. Eso es justo lo que ha hecho el colectivo belga Volstok Telefunken en su serie cómica Monsters. En cada sketch, un plano fijo nos muestra un espacio público donde unos seres traviesos, curiosos y generalmente torpes consiguen llamar la atención de la gente con sus insólitas ocurrencias. Y aunque no sean más que ilustraciones animadas, la espontaneidad de las reacciones de quien se topa con ellos es, como si se tratara de un programa de bromas con cámara oculta, asombrosamente verosímil.
Quizás es aún más llamativo que los humanos no parezcan extrañarse demasiado por el hecho en sí de haber visto un monstruo, sino más bien por su disparatada conducta. Es como si ya estuvieran acostumbrados a sufrir su siempre inoportuna presencia. Esto, junto al naturalismo de la luz y del sonido ambiente, genera una fuerte impresión de happening, de acontecimiento imprevisto que altera la normalidad cotidiana y que es captado por el ojo avizor de una cámara, a modo de testimonio documental de los hechos. Y por más que sepamos que en realidad los monstruos no están donde parece, su interacción física con las personas provoca un trompe-l’oeil de la razón ciertamente divertido. Sonrisas afables tras las que se halla una lúcida idea.
Créditos:
Dirección: Volstok Telefunken (Thijs de Cloedt & Wouter Sel)
Animación (de este capítulo): Michélé de Feudis






