Podemos interpretar "2001: Una Odisea del Espacio" como una reflexión sobre los misterios más profundos de la naturaleza humana, su origen y su destino, siendo la inmensidad inescrutable del cosmos una metáfora de la mente planteada como enigma. Una de las escenas donde irradia con mayor intensidad esta idea es la del viaje interestelar, diseñada por el gran Douglas Trumbull. Animando los reflejos de luz y color que se colaban por las rendijas de unas planchas opacas retroiluminadas, Trumbull se avanzó varias décadas a la evolución de la imagen digital para ofrecernos una epopeya audiovisual alucinante.
Estos destellos abstractos, presentados según la trama argumental como puerta de entrada a otras galaxias, son también la representación de un trance, de una experiencia introspectiva similar a la que las drogas ácidas habían permitido descubrir durante los años sesenta, poco antes de la filmación de la película. La fusión entre el espacio exterior y el interior es tal que el propio ojo del cosmonauta -enorme y esférico como un planeta- acaba contagiándose de la psicodelia que él mismo observa. Tanto que podemos llegar a pensar que las imágenes se hallan realmente detrás de la pupila y no frente a ella.
Créditos Básicos:
Dirección: Stanley Kubrick
Guión: Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke
Efectos Especiales: Douglas Trumbull y Stanley Kubrick
Montaje: Ray Lovejoy
Dirección de Arte: John Joesli
Edición de sonido: Winston Ryder
Cámara: Kelvin Pike






